
Es curioso esto de las botnets, el mercado underground del malware, y como, poco a poco, su funcionamiento se asemeja más al mundo corporativo real (o por lo menos, no tan underground)
Consideremos un recurso (la botnet), que consta de unos centenares de miles de PCs infectados (los bots) que están a tu entera disposición para lo que quieras: robar datos personales, robar contraseñas de servicios bancarios, enviar SPAM, lanzar ataques de DDoS contra alguien, extorsionar, etc.
Y para montar esto sólo tienes que conseguir crear un worm de éxito.
Lógicamente esto supone un potencial de lucro enorme. Inicialmente los que creaban estas redes, creaban el gusano, conseguían que se propagase, consolidaban su “base instalada”, y se dedicaban al negocio en sí de explotar la botnet.
Digamos que tenían la “cadena de valor” totalmente integrada. Beneficio máximo, pero tambien mucha exposición al riesgo. El riesgo en este mundo se resume en una cosa: que te trinquen.
